Cómo descongelar correctamente la comida natural comercial y casera

Cuando hablamos de alimentación natural solemos dedicar muchísimo tiempo a elegir buenas materias primas, buscar menús completos, calcular cantidades o aprender qué necesita realmente nuestro perro o nuestro gato. Sin embargo, hay una parte mucho más cotidiana que también influye en la calidad y en la seguridad de esa alimentación: cómo conservamos, descongelamos y manipulamos la comida antes de servirla.

En una dieta natural, especialmente cuando trabajamos con alimentación cruda, la cadena de frío es importante. La congelación nos permite conservar el alimento durante bastante tiempo y frena considerablemente la multiplicación de microorganismos, pero no convierte la carne en un producto estéril. Cuando empezamos a descongelarla, la temperatura vuelve a subir y la actividad microbiana puede reanudarse, por lo que merece la pena tener unas pautas sencillas que podamos mantener en el día a día sin convertir cada comida en un protocolo complicado.

En realidad, cuando llevamos un tiempo utilizando alimentación natural, todo esto acaba formando parte de la rutina. Sacamos la comida del día siguiente, la dejamos descongelando correctamente, servimos la cantidad que corresponde y mantenemos el resto refrigerado. El problema suele aparecer cuando empezamos, cuando se nos olvida sacar la ración o cuando dejamos un paquete demasiadas horas fuera de la nevera pensando que no pasa nada porque después se lo va a comer el perro.

Congelar conserva, pero no esteriliza

Una de las primeras cosas que tenemos que entender es que congelar carne no significa eliminar todos los microorganismos que pueda contener.

Las bajas temperaturas paralizan o ralentizan muchísimo su crecimiento, pero muchas bacterias pueden sobrevivir al proceso de congelación. Cuando la carne vuelve a descongelarse y aumenta su temperatura, pueden recuperar su actividad.

Por eso, si utilizamos alimentación BARF, considero que la higiene forma parte de la propia alimentación. No porque tengamos que tener miedo a la carne cruda, sino porque estamos trabajando con un alimento fresco y tenemos que tratarlo como tal.

Exactamente igual que haríamos cuando manipulamos carne para nosotros, evitaremos contaminaciones cruzadas, limpiaremos correctamente las superficies y no dejaremos el alimento durante muchas horas a temperatura ambiente.

La mejor opción para descongelar: la nevera

Siempre que podamos organizarnos, esta es la opción que más recomiendo.

Pasamos la ración del congelador a la nevera con suficiente antelación y dejamos que se descongele lentamente manteniendo una temperatura baja durante todo el proceso.

Dependiendo del tamaño del paquete puede necesitar desde unas horas hasta prácticamente un día completo. Las raciones pequeñas y relativamente planas se descongelan muchísimo antes que un bloque compacto de un kilo, y por eso, si preparamos nosotros mismos la alimentación, me parece mucho más cómodo congelarla ya dividida en raciones diarias.

Esto también nos permite controlar mejor las cantidades. Si nuestro perro consume 500 gramos diarios, tiene mucho más sentido congelar aproximadamente esas cantidades que guardar varios kilos juntos y tener que descongelar y manipular repetidamente el mismo bloque.

¿Hay que abrir el paquete durante la descongelación?

Esta es una pauta que yo sí prefiero tener en cuenta cuando trabajamos con determinados menús crudos envasados.

Algunos alimentos vienen muy compactados o envasados prácticamente sin aire y, durante una descongelación prolongada, pueden producirse procesos fermentativos en el interior relacionados con la propia carga microbiana del producto. Por eso, cuando el formato del envase lo permite, prefiero abrirlo ligeramente durante la descongelación en nevera, especialmente cuando se trata de un menú de carne triturada que va a permanecer bastantes horas descongelándose.

No se trata de dejar toda la carne expuesta dentro del frigorífico. Podemos abrir el envase y colocarlo dentro de otro recipiente con tapa o sobre una bandeja protegida, evitando que los jugos puedan entrar en contacto con otros alimentos.

Además, al abrir un paquete de alimentación natural tenemos que aprender también a diferenciar el olor normal del producto de un olor que realmente indique deterioro. La tripa verde, determinadas vísceras, el pescado o algunas mezclas cárnicas pueden tener aromas bastante intensos sin que exista ningún problema.

Otra situación diferente es encontrar un envase anormalmente hinchado, con una producción importante de gas, pérdida del vacío, textura extraña o un olor claramente diferente del habitual. En esos casos prefiero no utilizar el alimento.

Qué hacemos si hemos olvidado sacar la comida

A todos nos ha pasado alguna vez.

Llega la hora de comer, abrimos la nevera y descubrimos que no hemos dejado nada descongelando. Aquí tenemos diferentes maneras de acelerar el proceso.

Podemos colocar el alimento en un recipiente o bolsa bien cerrada y utilizar agua para aumentar progresivamente su temperatura. Si queremos hacerlo de la manera más conservadora, utilizaremos agua fría o templada e iremos renovándola hasta que la ración haya perdido la congelación.

En casa, cuando necesitamos descongelar una ración rápidamente y va a consumirse inmediatamente, también podemos recurrir puntualmente a agua más caliente para acelerar el proceso. Lo importante es que no dejemos después esa carne durante horas a temperatura ambiente ni la descongelemos para volver a guardarla varios días en la nevera.

Yo lo utilizo como una solución puntual para pasar rápidamente de una ración congelada a una comida que se va a ofrecer en ese momento, no como método habitual de descongelación.

Además, si utilizamos agua caliente directamente sobre un recipiente cerrado, tenemos que procurar que simplemente nos ayude a descongelar y templar el producto, no que termine cocinando parcialmente unas zonas mientras otras continúan congeladas.

Como norma general, sigo prefiriendo la nevera. Pero también creo que una alimentación tiene que adaptarse a la vida real y saber cómo resolver un despiste puntual resulta mucho más útil que fingir que nunca ocurre.

¿La comida tiene que servirse fría?

No necesariamente.

Hay perros a los que les da exactamente igual que el menú salga bastante frío de la nevera y otros que lo aceptan mucho mejor cuando está algo más templado. Con los gatos esto puede ser todavía más evidente, porque el aumento de temperatura intensifica el aroma del alimento y puede mejorar mucho su aceptación.

Podemos sacar la ración un poco antes de servir, añadir una pequeña cantidad de agua templada o colocar el recipiente cerrado durante unos minutos en agua templada.

Lo que no considero necesario es dejar durante una hora un plato de carne cruda sobre la encimera simplemente para conseguir que alcance exactamente la temperatura ambiente.

Especialmente en verano, esos tiempos cuentan.

¿Cuánto tiempo puede estar la comida descongelada en la nevera?

Aquí prefiero trabajar con bastante sentido común y no intentar estirar demasiado la vida útil del producto.

En alimentación BARF, especialmente cuando tenemos carne triturada, vísceras, pescado y diferentes ingredientes mezclados, intento utilizar la ración descongelada aproximadamente dentro de las siguientes 24-48 horas.

Si utilizamos un menú comercial, tendremos además que revisar las indicaciones del fabricante porque algunos productos especifican claramente cuánto tiempo pueden mantenerse refrigerados una vez descongelados.

Con una dieta cocinada la situación puede ser algo diferente porque el alimento ha recibido un tratamiento térmico previo, aunque sigue siendo un producto fresco y perecedero. También tendremos que mantenerlo refrigerado y respetar sus tiempos de conservación.

Una buena rutina puede ser simplemente descongelar cada día la comida del día siguiente. De esta manera prácticamente nunca acumulamos varios días de alimento descongelado.

No descongelo grandes cantidades para toda la semana

Aunque parezca más cómodo sacar varios kilos de una vez, personalmente prefiero no hacerlo.

Cuanto más tiempo tenemos un producto fresco descongelado, más posibilidades existen de que pierda calidad y aumente la actividad microbiana. Además, si abrimos constantemente el mismo recipiente para coger diferentes cantidades, aumentamos también la manipulación.

Por eso me gustan las raciones pequeñas y organizadas.

Podemos congelar por días o incluso por tomas. En perros grandes quizá resulte cómodo preparar bolsas de 500 gramos o un kilo, mientras que en perros pequeños y gatos podemos utilizar recipientes muchísimo menores.

¿Se puede volver a congelar?

Aquí hay bastante confusión porque durante años se ha repetido que un alimento descongelado jamás puede volver al congelador.

No es una cuestión tan sencilla.

Si hemos descongelado una ración correctamente dentro de la nevera, la hemos mantenido refrigerada y finalmente no vamos a utilizarla, técnicamente puede volver a congelarse, aunque probablemente perderemos algo de calidad, especialmente en textura y humedad.

Personalmente intento evitarlo porque con una buena organización no suele ser necesario.

Otra cosa diferente sería una carne que ha estado varias horas a temperatura ambiente. Meterla otra vez en el congelador no deshace lo ocurrido durante esas horas. El frío vuelve a frenar el crecimiento microbiano, pero no convierte nuevamente el alimento en el producto que teníamos antes de descongelarlo.

Por eso, más que obsesionarnos con la palabra recongelar, me interesa saber qué ha ocurrido con esa comida desde que salió del congelador.

Los líquidos que aparecen al descongelar no son simplemente sangre

Es habitual abrir una bolsa de carne descongelada y encontrar bastante líquido rojizo en el fondo.

La mayor parte de ese líquido está formado por agua procedente del propio tejido y proteínas como la mioglobina. No significa necesariamente que tengamos que desecharlo.

Si se trata de un menú natural completo correctamente conservado, podemos mezclar nuevamente esos jugos con la comida.

Lo que sí tenemos que evitar es que ese líquido termine por toda la nevera. Por eso siempre descongelo dentro de una bandeja o recipiente suficientemente profundo.

Además de facilitarnos muchísimo la limpieza, reducimos el riesgo de que los jugos de la carne cruda entren en contacto con alimentos destinados a las personas.

No necesitamos lavar la carne antes de ofrecerla

Otra costumbre bastante habitual es pasar la carne bajo el grifo antes de preparar el menú pensando que así estamos eliminando bacterias.

No hace falta y, además, podemos conseguir exactamente lo contrario de lo que buscamos.

El agua puede salpicar alrededor del fregadero y distribuir microorganismos por encimeras, utensilios y otros alimentos. Si la materia prima es adecuada y se ha conservado correctamente, la utilizamos directamente.

La higiene la aplicamos fundamentalmente a nuestras manos, utensilios y superficies después de trabajar con la carne.

El comedero también forma parte de la higiene

Una vez termina de comer, tampoco dejaría el plato con restos de carne cruda durante horas.

Lo retiro y lo lavo.

Parece una tontería, pero especialmente en verano un comedero con pequeñas cantidades de restos cárnicos, saliva y temperatura ambiental elevada puede convertirse rápidamente en un ambiente estupendo para el crecimiento bacteriano.

Esto tiene todavía más importancia con perros que comen fuera de casa, donde podemos tender a dejar el plato hasta la siguiente toma.

En gatos que comen pequeñas cantidades varias veces también podemos adaptar la estrategia ofreciendo porciones menores y renovando la comida en lugar de dejar un gran plato de alimento fresco durante toda la jornada.

En verano tenemos que ser bastante más cuidadosos

Cuando la temperatura ambiental sube, los márgenes se reducen.

Una ración que en invierno puede permanecer unos minutos sobre la encimera sin mayor problema alcanza temperaturas mucho más altas durante julio o agosto. Lo mismo ocurre cuando transportamos comida en coche, llevamos BARF durante un viaje o vamos a pasar varias horas fuera de casa.

Para estos casos utilizo neveras portátiles y acumuladores de frío, y mantengo el alimento refrigerado hasta prácticamente el momento de ofrecerlo.

Si vamos a viajar varios días, muchas veces puede resultar más sencillo utilizar alimentación natural cocinada, latas completas, productos deshidratados o formatos específicamente pensados para facilitar la conservación. No considero que tengamos que mantener obligatoriamente el mismo formato de alimentación los 365 días del año.

Crudo y cocinado necesitan una gestión algo diferente

Cuando hablamos de alimentación natural no todo es BARF.

Una dieta cocinada también necesita una buena conservación, pero parte de una situación microbiológica distinta porque el cocinado ha reducido considerablemente la carga de microorganismos presentes inicialmente.

Eso no significa que podamos dejarla indefinidamente fuera del frigorífico. Una vez cocinada sigue siendo un alimento fresco y puede contaminarse y deteriorarse.

Cuando preparo una dieta cocinada en casa, dejo enfriar el alimento correctamente, lo divido en raciones y congelo aquello que no voy a utilizar durante los siguientes días. Después aplicamos prácticamente el mismo sistema: descongelación progresiva en nevera y conservación refrigerada.

Especial cuidado en casas con personas vulnerables

Cuando utilizamos alimentación cruda también tenemos que pensar en quién vive con nosotros.

Si en casa hay niños muy pequeños, personas mayores, embarazadas o personas inmunodeprimidas, las medidas de higiene deberían ser especialmente cuidadosas porque determinadas bacterias presentes en carne cruda pueden representar un riesgo mayor para ellos.

En estos casos podemos separar utensilios, evitar que los niños manipulen la comida, limpiar bien las superficies y lavarnos las manos después de preparar cada ración.

También evitaría que el perro termine de comer y vaya inmediatamente a lamer la cara de una persona especialmente vulnerable.

No tenemos que vivir obsesionados con las bacterias, pero tampoco olvidarnos de que estamos manipulando un producto crudo.

La mejor rutina es la que podemos mantener todos los días

Cuando alguien empieza con alimentación natural puede parecer que hay que memorizar cien reglas diferentes, pero en realidad la organización termina siendo bastante sencilla.

Yo intentaría quedarme con unas pocas pautas:

  • congelar en raciones adaptadas al consumo;
  • pasar la comida del congelador a la nevera con antelación;
  • abrir ligeramente determinados paquetes durante una descongelación prolongada cuando así lo prefiramos y mantenerlos protegidos dentro de otro recipiente;
  • mantener los alimentos crudos separados del resto de la comida;
  • utilizar agua para acelerar la descongelación únicamente cuando sea necesario y consumir inmediatamente si hemos utilizado agua caliente;
  • no dejar la carne durante horas a temperatura ambiente;
  • utilizar aproximadamente en 24-48 horas los menús crudos una vez descongelados;
  • lavar manos, utensilios y comederos después de manipular el alimento.

Con esto tenemos resuelta prácticamente toda la parte complicada.

Organizar también forma parte de alimentar bien

Cuando hablamos de nutrición natural muchas veces parece que todo termina en la formulación, pero para mí una buena pauta tiene que funcionar también en una cocina real.

En las asesorías nutricionales de Los 4 Barferos no trabajamos únicamente qué alimentos tiene que comer un perro o un gato y en qué cantidades. También explicamos cómo organizar las compras, preparar las raciones, conservarlas, congelarlas y adaptarlas a la rutina de cada familia, porque una dieta puede estar perfectamente diseñada sobre el papel y resultar completamente inviable si después nadie sabe cómo gestionarla.

Con un poco de organización, la alimentación natural termina siendo bastante sencilla. En casa tenemos el congelador organizado, sabemos aproximadamente qué vamos a necesitar durante los siguientes días y la descongelación forma parte de la rutina igual que preparar cualquier otra comida.

La clave está en entender que la cadena de frío, la higiene y la conservación también forman parte de la nutrición. No necesitamos complicarlo muchísimo, pero sí adquirir algunos hábitos que nos permitan ofrecer alimentos frescos de una manera segura y mantener su calidad hasta el momento en el que llegan al plato.

Entrar