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Reseña: Algo más que compañía de Alba Ciordia
Hoy os traigo una entrada de blog diferente pero no queria dejar pasar la oportunidad de compartir con vosotros lo que me ha parecido el libro de Alba Ciordia, más conocida como @AlbayClaire de la marca » The doog life», que tuvo el detalle de enviarme su libro y al que le he coguido muchisimo cariño, Algo más que compañía no es un libro que se lea “sobre” animales. Tampoco es un libro únicamente autobiográfico, ni un ensayo espiritual al uso. Es, sobre todo, un texto que se vive. Un relato que atraviesa capas: la infancia, la pérdida, el vínculo, la conciencia, el cuerpo, la memoria y aquello que no siempre sabemos explicar pero que sentimos con una claridad absoluta.

Esta review nace después de haberlo terminado, pero también después de haberlo leído despacio, con pausas, con subrayados mentales y con notas internas que iban apareciendo sin pedir permiso. No es una reseña neutral ni distante. Es una lectura atravesada por la experiencia personal, por la convivencia con animales y por una manera muy concreta de entender el acompañamiento, el duelo y la vida compartida entre especies.
Desde el inicio, el libro deja claro que no va a ofrecer respuestas cerradas ni discursos cómodos. Se mueve en un territorio honesto, a veces incómodo, pero profundamente humano. Y ahí reside gran parte de su fuerza.
Un inicio que marca el tono: lo que no vemos también existe
Hay una frase casi inicial que funciona como columna vertebral de todo el libro y que, una vez leída, ya no te suelta:
“Hay millones de cosas que no podemos ver o percibir con nuestros cinco sentidos, y eso no quiere decir que no existan. Simplemente significa que están en otro plano, o que nosotros, desde el estado de consciencia actual, no somos capaces de conectar con ellas en este momento.”
Esta idea no se presenta como una afirmación dogmática, sino como una apertura. Una invitación a mirar la realidad con menos soberbia, con menos necesidad de control. Desde ese punto, el libro se despliega entendiendo la vida —y el vínculo— como algo que no se limita a lo tangible ni a lo demostrable.
Para quienes convivimos con animales y sentimos que hay algo que va mucho más allá de la conducta observable, esta frase resuena de forma especial. Porque hay miradas, silencios, presencias y ausencias que no se explican desde lo racional, pero que forman parte del día a día. El libro no intenta justificarlo: lo nombra y lo respeta.
La valentía de exponerse: infancia, heridas y memoria
Uno de los aspectos más potentes del libro es la valentía con la que Alba Ciordia abre su historia personal. Especialmente cuando se adentra en su infancia y en experiencias profundamente duras para una niña pequeña. No hay un intento de embellecer el dolor ni de convertirlo en espectáculo. Tampoco hay una narrativa de víctima.
Lo que hay es una exposición honesta, directa, sin filtros innecesarios. Y eso, lejos de incomodar, genera respeto. Porque se nota que no se cuenta para impactar, sino porque forma parte del camino que ha llevado a la autora a mirar la vida, el vínculo y la conciencia desde donde lo hace ahora.
La infancia aparece como un territorio determinante, no desde el trauma como etiqueta, sino desde la huella. Desde aquello que se queda en el cuerpo y en la forma de percibir el mundo. El libro no busca cerrar heridas ni ofrecer soluciones rápidas. Reconoce que hay cosas que no se “arreglan”, pero que se integran.
El vacío que no desaparece: una de las grandes verdades del libro
Hay otra frase que atraviesa la lectura y que conecta de lleno con la experiencia del duelo, en cualquiera de sus formas:
“Con el tiempo entendí que ese vacío no puede desaparecer. Se aprende a convivir con él. Aceptarlo como parte de quien eres.”
En el contexto del libro, esta reflexión nace de una pérdida familiar muy importante en la infancia. Pero su alcance va mucho más allá. Porque habla de una verdad que muchas personas sentimos y que, sin embargo, pocas veces se valida socialmente: el duelo no se supera, no se cierra, no se borra.

El vacío no desaparece. La tristeza no se esfuma. Lo que ocurre es que aprendemos a vivir con ella. A hacerle espacio. A permitir que conviva con el amor, con la gratitud y con la vida que sigue.
Para quienes hemos perdido animales con los que existía un vínculo profundo, esta idea resulta especialmente reparadora. Porque rompe con la exigencia de “estar bien” o de “pasar página”. El libro no minimiza el dolor ni lo jerarquiza. No establece diferencias entre duelos “válidos” y “no válidos”. Habla de pérdida, sin apellidos.
Algo más que compañía: el vínculo como experiencia transformadora
El título del libro no es casual. Algo más que compañía apunta directamente a una idea que se desarrolla a lo largo de todo el texto: los animales no están para acompañar nuestra vida como un complemento. No son un añadido. No son un recurso emocional.
Son presencias que transforman. Que nos obligan a revisar nuestra forma de estar en el mundo. Que rompen rutinas, tiempos, prioridades y certezas. Que nos colocan frente a nuestra propia vulnerabilidad.
El libro aborda el vínculo humano-animal desde un lugar profundo, alejado tanto de la idealización naïf como del enfoque utilitarista. No romantiza, pero tampoco reduce. Reconoce la complejidad de convivir con otro ser vivo, con sus necesidades, sus límites y su propia subjetividad.
Aquí aparece una idea clave: el vínculo no es unilateral. No es solo lo que damos, sino también lo que recibimos y lo que cambia en nosotros a través de esa relación. Vivir con animales nos descentra. Nos obliga a salir del yo como eje absoluto. Y eso, en una sociedad profundamente antropocéntrica, no es poca cosa.
Conciencia, presencia y planos que no siempre sabemos nombrar
A lo largo del libro, Alba Ciordia va tejiendo una reflexión constante sobre la conciencia. No como concepto abstracto, sino como experiencia cotidiana. La conciencia de estar, de acompañar, de habitar el presente incluso cuando duele.
Hay una mirada muy clara hacia todo aquello que no se ve pero se siente. Hacia los planos emocionales, energéticos o simbólicos que no siempre encajan en el discurso racional, pero que forman parte de la vivencia real de muchas personas.
El libro no pretende convencer. Simplemente comparte una forma de percibir. Y eso lo hace especialmente honesto. No hay imposición, hay relato. Y el lector decide hasta dónde resuena con su propia experiencia.
Duelo, animales y el silencio social
Uno de los aspectos más interesantes del libro es cómo, sin convertirlo en un manifiesto, pone sobre la mesa el silencio que suele rodear ciertos duelos. Especialmente los que no encajan en las categorías socialmente aceptadas.
La pérdida de un animal sigue siendo, en muchos contextos, minimizada o directamente invisibilizada. El libro no entra en comparaciones ni en jerarquías, pero sí valida el dolor desde la experiencia vivida. Desde la ausencia que se siente en el cuerpo, en la casa, en la rutina.
Y aquí vuelve a aparecer esa idea tan poderosa: no se trata de “superar”, sino de integrar. De permitir que el vínculo continúe de otra forma. De aceptar que el amor no desaparece con la muerte, pero sí cambia de lugar.
Un lenguaje sencillo para temas profundos
Otro de los grandes aciertos de Algo más que compañía es su lenguaje. No es un libro rebuscado ni pretencioso. Habla de cosas profundas con palabras sencillas. Y eso lo hace accesible sin perder profundidad.
No hay necesidad de grandes conceptos filosóficos para hablar de conciencia, duelo o vínculo. Hay experiencia. Hay vivencia. Hay cuerpo. Y eso se agradece, especialmente en un tema tan delicado.
¿A quién recomendaría este libro?
Este libro no es para todo el mundo. Y eso no es una crítica, es una constatación. Es especialmente recomendable para personas que:
- Conviven o han convivido con animales desde un vínculo profundo
- Han atravesado pérdidas significativas y no encajan con los discursos simplistas sobre el duelo
- Sienten que hay aspectos de la vida que no se explican solo desde lo racional
- Buscan lecturas honestas, sin fórmulas ni recetas
- Necesitan sentirse acompañadas, no dirigidas
No es un libro de autoayuda, aunque puede acompañar. No es un ensayo académico, aunque invita a reflexionar. Es un relato humano, vulnerable y consciente.
Conclusión: una lectura que se queda
Terminar Algo más que compañía no implica cerrarlo. Es de esos libros que se quedan dentro, que vuelven en forma de pensamiento, de frase, de sensación. No pretende dar respuestas definitivas, pero sí abrir preguntas importantes.
Habla de lo invisible sin caer en lo etéreo. Habla del dolor sin recrearse en él. Habla del amor sin idealizarlo. Y, sobre todo, habla del vínculo como algo que nos transforma, nos descoloca y nos hace más conscientes de nuestra propia fragilidad.
No es una lectura neutra. Tampoco busca serlo. Es una lectura que toca. Y cuando un libro toca, ya ha cumplido su función.
